ESCAPELEKU (Sáhara) Abril 19

⭐️⭐️⭐️ 

Lo+: Propuesta y ambientación, muy originales.

Lo-: Hay pruebas que chirrían, algunas en exceso.

Si algo no se le puede reprochar al Sáhara de Escapeleku es su carencia de originalidad. Ambientar la historia en algún lugar remoto en el desierto y conseguirlo es mérito suficiente para levantar la sala por completo y otorgarle un más que merecidísimo crédito al respecto. El escenario está recreado con precisión y gusto, y la dedicación de su creador por otorgarle la esencia que tanto ansía es más que palpable. En este apartado, la sala destila un saber hacer incuestionable y permite a los jugadores adentrarse en terreno básicamente desconocido, y sitúa la propuesta en la estela de otras aventuras del carácter de El Celler 1890 o las ¿Vacaciones? de Dale al Coco, donde lo más relevante de todo era saber inmiscuirse en las zonas grises del escapismo y entregar así un producto que es novedoso y sugerente a partes iguales.

El problema viene cuando esta pasión por la venta y la cubierta -por el envoltorio, que digamos- no acaba de trasladarse allí donde más imprescindible e imperante debería entenderse su presencia, y que en la fórmula escapista viene determinado por la confección de las pruebas. No estamos tampoco -no quememos banderas aun-, ante un producto fallido, ni mucho menos, como tampoco lo estamos ante un engranaje de pruebas confuso y sin sentido, pero sí ante un plantel del que, al abrir los ojos, cabría exigir más. Llámenlo incongruencia, incomprensión o como ustedes gusten, pero el caso es que el nivel de pruebas no se halla a la altura del conjunto original.

Hay mucho, muchísimo juego, y la dificultad es enervante, lo cual genera un reto para los más exigentes y alejará, por norma general, a los grupos más reducidos, mas los enigmas, especialmente algunos en concreto, no parecen responder a una fuente de lógica imperante ni a un camino lineal por el que discurrir, y son más de dos y de tres las ocasiones en que el jugador se verá descolocado ante la falta de coherencia del momento.

Eso no quita, por supuesto, que se trate de una experiencia disfrutable y deleitable para quienes busquen propuestas diferentes y alejadas de los convencionalismos más inherentes del género -o de trilladas aventuras aerospaciales y desquiciantes temáticas sin pies ni cabeza-, pero sí resta algo de la emoción que destila el inicio de la partida, siempre y cuando se consiga superar una larguísima inmersión de treinta minutos.