PASSWORD VITORIA (Náufrago) Abril 19

⭐️⭐️⭐️⭐️⭐️

Lo+: El diseño de las pruebas y del escenario.

Lo-: No podernos quedar en la isla un tiempo más.

El panorama actual del escapismo se encuentra en constante movimiento. Esto es así, en gran parte, porque abundan las salas de nueva apertura y porque todavía hay quienes intentan ver más allá de las fronteras que las concepciones del mundillo determinan y se disponen a entregar productos novedosos y diferentes, una brisa de aire fresco entre parajes, cabe decir -muy a nuestro pesar-, que se antojan a menudo yermos y desolados. La falta de creatividad y de originalidad en una temática que podríase afirmar vive de eso es una sentencia de muerte inevitable.

Sin embargo, y como cualquiera que haya probado alguna de sus salas ya sabrá, conciliar las palabras Password y Vitoria es garantía de éxito, y no uno cualquiera. Aunando la diligencia que ya quedara plasmada en El Caso Vasiliev, junto a una propuesta innovadora y el gusto por encadenar prueba tras prueba, Náufrago se establece como una cita ineludible para los amantes de las aventuras frenéticas y los puzzles bien diseñados, y llega dispuesta a hacer las delicias tanto de veteranos del escapismo como de quienes se atrevan a jugar por primera vez.

Quedan avisados, no obstante, éstos últimos: Náufrago presenta uno de los retos más desafiantes ante los que puede encontrarse un grupo escapista -más aún una pareja sola-, y es, al mismo tiempo, una de las salas más inspiradas y disfrutables de los últimos tiempos. Con una premisa más que interesante, sus creadores no sólo consiguen superar la dificultad de construir juegos en la soledad de una isla desierta, sino que hilan una infinidad de pruebas eficientes, clásicas, divertidas, dinámicas y fluidas que entregan un conjunto aún más delirante que el de su predecesor, que ya es decir.

La ambientación, cuidada, esmerada al detalle, añade puntos a un bote que no precisa engrosarse lo más mínimo y permite una tematización genial de juegos y trama en un escenario que es todo virtuosismo y saber hacer. Una parada obligada para todo aquel que quiera pasar una hora vertiginosa, estrujándose el cerebro y, por supuestísimo, gozando a más no poder.