KOMNATA QUEST (Mientras sigues con vida) Abril 19

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Para degustadores de experiencias claustrofóbicas... y ya.

Lo+: Como punto de partida, es tan o más interesante que propuestas de carácter similar.

Lo-: Peca de jugárselo todo a una baza, que resulta insuficiente.

Las salas para dos jugadores -y hablamos con sentido de causa, ahora que la oferta parece estar floreciendo y van ya unas cuantas en nuestra haber- son un tema, cuanto menos, peliagudo. Interesantes en su planteamiento como propuesta alejada de los aspectos más tradicionales de los escape room convencionales, albergan un peligro que se halla a la orden del día y que parecen compartir con otra de las alternativas escapistas que más promulgan a día de hoy, los hall o box escape; esto es, la facilidad de caer en la simpleza más anodina y entregar un producto básico y sin pedigrí de ningún tipo, que a duras penas valga el precio que se paga por él.

Así, mientras Purificatio aunaba el saber hacer de las anteriores entregas del Hostal y ofrecía un producto complejo y completo en su sentido más estricto, reconocible en su calidad de juego de parejas más por razones de espacio que de carencia de enigmas, entregas como el Sinner de Top Secret entrañaban una desafiante necedad que no es sino fruto de la voluntad de aprovechar la marca y sacar partido hasta del último recoveco. La carencia de ideas en un sector que se nutre de ellas puede ser mortal, más aún en una modalidad de juego tan particular.

Mientras sigues con vida de Komnata -o Boxed Up, denominación literal de su versión original, por si cabía alguna duda de lo que está en juego-, recuerda más a la idea de Catalepsia, si bien no el mejor, sí uno de los exponentes más característicos de este tipo de juegos. Con una premisa bien diferenciada y mucho más aterradora en el sentido claustrofóbico de la palabra, el frenetismo inicial de la presente es mayor, y conlleva rememoranzas de aquella magnífica película de Rodrigo Cortés, Buried, que no ayudan a solventar esta sensación. En primera instancia, pues, podría afirmarse que los primeros minutos de la partida son todo un éxito.

No tarda el jugador -o la pareja de jugadores, mejor dicho- en caer en la cuenta de la clase de oportunismo que sus creadores se han traído entre manos. Esta sensación de pánico acuciante, de amenaza real, no se sostiene en el tiempo lo suficiente como para ensalzar un producto suyos fundamentos flojean por varios descosidos.

Confiando en la perplejidad de los participantes, o simplemente por falta de ideas para encabir en tan reducido espacio, quienes diseñaron el juego olvidan que lo importante en toda partida de escapismo son las pruebas, y que tanto punto de partida como atrezzo -por llamarlo de algún modo- no son tan geniales ni inauditos como para dominar por sí solos las expectativas. La escasez de enigmas, su carencia de originalidad y de dinamismo terminan haciéndose con el conjunto. Desgraciadamente, una cruz más que añadir a la lista de productos fallidos para dos jugadores.