MANOIR ESCAPE HOUSE  Marzo 19

⭐️⭐️⭐️⭐️

Lo+: Un nivel de terror intensísimo.

Lo-: Que sea en detrimento de las pruebas.

Ya demostró The House of Whispers, allá en 2015, con su Historia de Myra Savage, que una sala de escapismo puede convertirse en la excusa perfecta para confeccionar una suerte de pasaje de terror ingenioso y con el aliciente de hacer partícipes a sus jugadores de un modo como pocas veces se había visto antes: la historia, hilada a través de las pruebas, convertía a éstos en sus protagonistas y tornaba la experiencia más real, inmersiva y, si cabe, más terrorífica.

Manoir se aferra con éxito a esta premisa y, si bien fusiona elementos más modernos de recientes aventuras (ese ligero aroma a The Darkness o ese tono a lo Arkanum), es en ésa en quien encuentra su mayor referente, y, como tal, hace del terror extremo su máximo reclamo y mayor logro.

No es necesario terminar de atender a su introducción para saber que se trata de una experiencia fuera de lo común; pocas veces el nivel de terror había sido más abrasador e intenso. Los sustos, algunos de ellos excelentemente planificados, son un continuo desde que la puerta de entrada se cierra a tus espaldas y configuran una sensación de peligro y amenaza vertiginosas, a sabiendas de que ningún rincón es seguro y tras cada sombra puede acechar un intruso.

La agilidad de la historia y los tejemanejes de su evolución aseguran un ritmo en constante avance del que podríase decir que raya lo frenético, avalado por incontables sobresaltos y set-pieces de ejecución más que ejemplar, hasta alcanzar una conclusión que, eso sí, de tan teatralizada puede hacerle perder algo de fuerza en su tramo final.

Lástima que no sea oro todo lo que reluce y sus virtudes no vengan sin compañía. Como contrapartida a la intensidad de la acción, la calidad y/o cantidad de los juegos queda algo resentida. Si bien se trata de una sensación prácticamente inexistente a lo largo de la partida, una vez fuera y con la cabeza fría de tanto alboroto uno cae en la cuenta de que las pruebas, además de escasas, conllevan muy poca exigencia mental.