KOMNATA QUEST ROOM ESCAPE (Doctor Frankenstein) abril 19

⭐️⭐️⭐️

Para amantes del steampunk más místico.

Lo+: La estética que envuelve el conjunto. Sencillamente genial.

Lo-: Carece de fluidez y la partida termina volviéndose un punto más espesa de lo necesario.

Como subgénero de la ciencia ficción, el steampunk no se encuentra precisamente a la orden del día. Más allá de quienes conozcan las obras que encumbraron a H.G.Wells o incluso Julio Verne, pocos son los actualmente familiarizados con el imaginario fantástico de la Inglaterra victoriana o el siglo XIX, con la veneración a las máquinas de vapor, el inicio de la industrialización y los inventos rocambolescos y estrafalarios que hoy concentraríamos en un irrisorio byte de memoria.

Sorprende, por tanto, la significante elección estética del Doctor Frankenstein de Komnata, que, por sí misma, la propulsa desde el minuto uno como la mejor alternativa sobre la historia, desbancando a la inferior Franky de Scaparium, desaparecida ya en boca de todos en las fechas que corren. Y es que tras unos primeros instantes de turbulencia mental y sensorial, es imposible no dejarse embriagar por un detalle ambiental que, si bien no destaca por su cuidado milimétrico, sí por hacer suyo el espíritu del más puro steampunk decimonónico e integrarlo en una temática de sobras conocida para confabular un producto que aparenta mucho más fresco de lo que realmente debería, engullendo al jugador en un universo alternativo de elementos preciosistas y estrambóticos más que correctamente integrados en los diferentes enigmas en despliegue.

Es, no obstante, en este punto donde la historia del doctor pierde parte del fuelle que ya se había agenciado al ganarse el favor de los más agradecidos por esa clase de detalles. Las pruebas, por norma general, tienden a trabajar con el uso de una lógica evaporada y un tanto supuesta, o de exigir observación es espacios demasiado oscuros, y nunca puede el escapista esta del todo seguro mientras avanza a trompicones y pretende estar disfrutando más de lo que lo hace en realidad. El conjunto, intermitente como pocos, posee suficientes artimañas de buen gusto como para decantar la balanza, pero desgraciadamente queda lejos de considerarse un producto fluido o dinámico, lo cual entorpece (sin suspender, eso sí que no) una partida de la que podría haberse sacado mucho más partido.