EL CELLER 1890 Abril 19 - nivel experto

⭐️⭐️⭐️⭐️

Lo+: Su originalidad, digna de estudio.

Lo-: Que quienes no la conozcan puedan pensar que se trata de un producto menor.

La originalidad es una virtud en peligro de extinción. Esto, en un mundo en el que adentrarte en una bodega del siglo XIX está menos visto que viajar a través de un portal cuántico al otro extremo del universo, es un problema. Si algo tienen las salas de escapismo -al igual que la narrativa o el cine como catalizadores de historias-, es su capacidad para plantear cuestiones casi ilimitadas, para dejar volar la imaginación y adentrarse por rutas desconocidas, siempre a la zaga, eso sí, de otras variables de carácter más terrenal, como las posibilidades presupuestarias. Pero lo que El Celler 1890 ha venido a demostrar es que las cuestiones monetarias no son tan importantes cuando impera la imaginación, las ganas, el entusiasmo y el virtuosismo en las manos adecuadas.

No venimos a decir, por supuesto, que se trate de un producto barato, ni mucho menos, sino a engrandecer todos aquellos valores que lo sitúan un paso por delante de muchas de las opciones disponibles actualmente. Y es que tras una curiosa y agradecida introducción a la historia, los artífices de la sala consiguen que el jugador viaje al pasado de un modo más realista y visceral que un buen puñado de salas sobre la materia, adentrándolo en un universo tan propio, pero que, de tan alejado a nuestra cotidianiedad, rápidamente adquiere tonalidades novedosas. En este sentido, sólo cabe aplaudir.

Lo mejor del asunto, sin embargo, es que no contentos con eso, no se detienen en este punto, sino que, cual producto artesanal de refinada construcción, hilvanan una serie de pruebas y situaciones competentemente difíciles y extremadamente suculentas, que fuerzan la mente del escapista, obligándolo a trabajar al límite de sus capacidades, eso sí, sin perder un instante de vista el entusiasmo y la diversión que fueron su primer y único reclamo.

Todos los juegos están encajados con precisión y devoción por la materia. Cada elemento, cada enigma, forma parte de un conjunto perfectamente integrado, y durante toda la partida impera la sensación de estar viviendo una aventura realista, congruente y entusiasta.

Sin duda, una pequeña joya del escapismo autóctono.