PASSWORD VITORIA (El caso Vasiliev) Abril 19

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Lo+: El orgullo con el que ondea, aún a día de hoy, el estandarte del clasicismo.

Lo-: Que las nuevas incorporaciones del mundillo prefieran los efectos más modernos en detrimento de este tipo de joyas.

Hay cosas que nunca pasan de moda. Un ejemplo bastante prosaico, y más en las fechas de semana santa por las que nos movemos, sería el Ben-Hur (1959) de William Wyler, por la que parece que los años no pasan y sus carreras de cuadrigas siguen levantando pasiones. Sí, esas mismas cuadrigas que inspiraron las vainas de La amenaza fantasma (Star Wars, 1999), el Episodio I de una de las mayores y mejores -si no la mejor- sagas cinematográficas de todos los tiempos, cuya primera parte, más actualizada que nunca en este año 2019, se estrenó hace cuarenta y dos años. De ahí es nada para una maravilla de dicho tamaño.

El Caso Vasiliev no nos lleva a la Roma en tiempos de Cristo ni a la Estrella de la Muerte, pero aguanta como pocas el paso del tiempo y los envites de los juegos más modernos, cuyo desvivir por la espectacularidad prima, en algunos casos, por encima de la pasión por el juego. Esto es, en esencia, lo que lleva años trayéndonos la primera de las aventuras de Password Vitoria, pasión por los enigmas bien hilados y las partidas que, de frenéticas, prometen llevar al límite a sus participantes, con una elevadísima carga adrenalítica.

El misterio central, una aventura de espías en toda regla -siguiendo la línea de los thillers que popularizaron Robert Redford o Michael Caine en el Hollywood de los 70-, se descubre tan esencial y prometedoramente clásico como sus pruebas, abundantes y de ejecución veloz y vibrante. Quienes disfruten desmenuzando este tipo de salas,capaces de combinar la sencillez técnica con la complejidad más formal como si se tratara de algo sumamente fácil, acabarán exhaustos, degustando este sabor añejo tan exultante que deja en el paladar, en la estela de los dos primeros Way Out, y sabiéndose en manos de gente experta en ofrecer productos de calidad que se han ganado a pulso la etiqueta de juegazos.

Una verdadera pena que esta pasión por los clásicos parezca empezar a desvanecerse entre las nuevas generaciones de escapistas, tan ansiosos por el efectismo y la aventura... Pero bueno, puede que eso fuera también lo que pensaran Wyler y Lucas en sus respectivos tiempos, y mirad cómo ha acabado la cosa.