DRAGONBORN ESCAPE ROOM Mayo 19  -tester

⭐️⭐️⭐️⭐️⭐️

Lo+: Es un paso más para Mad Mansion, con una variedad de pruebas excepcional y una mezcla de estilos inaudita.

Lo-: Podríamos pensar algo para escribir, pero no vale la pena.

J.R.R. Tolkien no inventó el género fantástico, pero sí lo elevó a cotas inimaginables para la época con su trilogía de El Señor de los Anillos (1954-1955), creando una tendencia que, a pesar de sus altibajos, continúa viva a día de hoy. Los años ochenta supusieron una especie de renacimiento de la fantasía cinematográfica, muy probablemente como resultado del inesperado éxito de La Guerra de las Galaxias (George Lucas, 1977), con cintas como Masters del Universo (Gary Goddard, 1987) o Willow (Ron Howard, 1988), que sentaron algunas de las bases más clásicas del género. En los noventa, esta complaciencia por la materia se trasladó al mundo del videojuego; exponentes como World of Warcraft o The Elder Scrolls supusieron un antes y un después en el imaginario colectivo y crearon legiones de fans de un género en el que ya asomaban las novelas de Canción de hielo y fuego (George R.R. Martin, 1996-actualidad) y las geniales adaptaciones de ESDLA de Peter Jackson (2001-2003).

Era cuestión de tiempo que el mundo del escapismo, tan dado a adaptar propuestas que funcionan en otros formatos, ya como voluntad de crear una imperante nueva marca en la cronología del fantástico, ya como recurso fácil al uso, le hincara el diente. Es imperativo recordar que no siempre lo que funciona en un formato puede hacerlo en otro, como la reciente historia en la materia viene a recordar, cuando las referencias, guiños y planteamientos relacionados con obras cumbre terminan jugando en contra de uno mismo y deben tratarse con el mimo y cuidado que fanáticos y potencial público espera, y en Mad Mansion no pueden considerarse los primeros en lanzarse a ello.

Lo que es posible afirmar sin duda alguna es que son los primeros -y hasta ahora únicos- en comprender -con mayúsculas- el género y abrazarlo no sólo como se merece, sino de una forma nunca antes vista, increíble, excelsa y, permitidnos la expresión, pues no es para menos, legendaria.

Partiendo de una inmersión que resulta curiosa y excéntrica, y embriaga a los jugadores de un aura mágica de la que será imposible desprenderse a lo largo de la partida, más aún gracias a un sistema de interacción exquisito y la necesidad de hundirse en la trama de un modo ejemplar para comprender sus entresijos, Dragonborn presenta, como no es de extrañar, un apartado técnico infalible e impecable, que viaja in crescendo de lo excelente a lo maravilloso y espectacular a medida que, boquiabierto, el aventurero avanza en una historia llena de sorpresas, epicidad y fantasía sin ningún tipo de complejo.

Lo mejor de todo, sin embargo, es que los chicos de Mad Mansion logran confabular una increíble y nunca antes vista variedad de enigmas, acariciando distintos géneros de escapismo, desde el más clásico -que hará las delicias de quienes gozan desvelando combinaciones, estrujándose el coco y forzando la lógica para atravesar puertas y abrir candados- hasta el más aventurero y roleplaying -como viene siendo marca de la casa en los últimos años, haciendo partícipe al jugador hasta el punto de creerlo protagonista de una historia mágica y única-, creando así, de la nada, una de las experiencias más bellas, preciosistas, sorprendentes y extraordinarias, no sólo del escapismo, sino del ocio actual en general.

Si hasta el momento, Mad Mansion era sinónimo de calidad, Dragonborn entrega un nuevo significado a su sello, más grande, más complejo y, si cabe, más espectacular.