FOX IN A BOX (Bunker) Agosto 19

⭐️⭐️⭐️


Para quienes quieran salvar el mundo del apocalipsis nuclear más clásico.

Lo+: El elemento central del juego, curioso y original.

Lo-: Que su mayor reto sea buscar (y tampoco).

La temática del bunker ha estado presente en el esquema argumental del escapismo casi desde sus orígenes. Por supuesto, su capacidad para aunar los conceptos, referencias y actitudes tradicionales de los room escapes tiene poco parangón. Una habitación sellada, supuestamente incomunicada y generalmente subterránea, aunada a su aspecto militar alrededor de una trama que es capaz de poner en pie de guerra al mundo entero, parece la excusa claustrofóbica perfecta para organizar un juego de relevancia frenética. Eso lo entendió a la perfección Enigmik, cuyo El Bunker fue el primero en dar el pistoletazo de salida al género por estos lares. Nada desencaminados iban en Las Celdas cuando crearon el que aún a día de hoy sigue siendo el mejor exponente en la materia, una suerte de peripecia realista, asfixiante y frenética, con más juegos que recovecos en su espacio, que ya es decir.

Fox in a Box entrega aquí una sala clasiquísima a la que nadie jamás podrá recriminar la falta de una estupenda corrección formal, que se intuye desde el minuto uno gracias al boceto de historia a modo de los thrillers de guerra fría de los setenta, y que sobrevolará la trama de principio a fin, otorgándole cierto punto de calidez únicamente reconocible para aquellos quienes disfrutamos desde los tiempos remotos del escapismo de un estilo de sala acorde con este tipo de experiencias.

Los juegos, divertidos y prácticos en su inmensa mayoría, trabajan con acierto a distintos niveles de dificultad, y abrazan con idéntica precisión distintas tipologías y prácticas, de modo que grupos de entre tres y cuatro personas puedan repartirse sin problemas por la sala sin dejarse a nadie en el tintero, y presentan con gracia y estilo algún que otro enigma de complejidad superior, original y curioso, que traerá sin duda de cabeza a los grupos menos experimentados. Aquellos con mayor recorrido, sin embargo, conseguirán deleitarse con el elemento central del juego, tanto a nivel argumental como de jugabilidad, y que deviene el mayor acierto de la sala, por su virtud para sacar partido de la temática y abrazar el género de un modo poco común.

Es una lástima que, después de todo, la balanza termine desequilibrada en virtud de un formalismo que no permite a la experiencia despegar en su conjunto. La ambientación, comedida hasta el punto de la inexistencia, resta parte del realismo que se había logrado gracias a unos enigmas pautados y cortados al dedillo, donde también se echa de menos algún momento que realmente pusiera en vereda al jugador experimentado, que, en función del número, puede encontrar su mayor reto en alguna que otra de búsqueda susceptible de pasar desapercibida.